Pablo Da Silveira
Profesor universitario, investigador
Pablo Da Silveira

Alternativas a la repetición

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La repetición fue durante mucho tiempo la única respuesta a los déficits de aprendizaje: si un alumno no alcanzaba ciertos mínimos establecidos de manera más o menos precisa, debía separarse de sus compañeros y recursar junto a la siguiente generación.

Hoy existen muchos argumentos que cuestionan esta práctica. Algunos de ellos son sólidos (por ejemplo: no es para nada seguro que escuchar las mismas clases y hacer los mismos ejercicios durante un año entero sea una manera eficiente de compensar los déficits). Otros están fundados en errores de razonamiento (por ejemplo, el que afirma que, porque muchos estudiantes repiten y tiempo después abandonan los estudios, la repetición debe ser vista como una causa de abandono escolar). Pero, más allá de las diferencias de calidad argumental, es claro que se trata de uno de los grandes debates pedagógicos de nuestro tiempo.

En este contexto, hay un error muy grave en el que estamos cayendo los uruguayos. Ese error consiste en pensar que, porque hemos encontrado argumentos para cuestionar la repetición, entonces simplemente tenemos que eliminarla, como si con la desaparición de la repetición fueran a desaparecer también los déficits de aprendizaje que la justificaron. Tal como muestra nuestra propia experiencia, al actuar de este modo estamos sustituyendo un problema por otro.

Durante los últimos años, las autoridades de Educación Primaria ejercieron toda clase de presiones para bajar la repetición en la escuela. El resultado es que hoy, en sexto año de primaria, la tasa de repetición es inferior al uno por ciento. Solo que la repetición en primer año del Ciclo Básico creció en espejo, hasta superar el 30 por ciento. Como la repetición se bajó artificialmente, sin desarrollar políticas de compensación alternativas, hoy ocurre que uno de cada tres alumnos termina la escuela sin haber aprendido lo necesario para encarar el siguiente ciclo. Primaria no eliminó la repetición. Simplemente la exportó.

En los países que hacen las cosas más seriamente, se están ensayando diferentes métodos para sustituir la práctica tradicional de la repetición. Existe, por ejemplo, el régimen de “promoción acompañada”, en el que el alumno con déficits promueve pero al año siguiente es acompañado por un tutor. Existe también la “promoción condicionada”, que deja en suspenso la repetición hasta el final del año siguiente, para dar al alumno la oportunidad de madurar: si promueve el año siguiente, se le da por promovido el anterior. Existen los sistemas de curriculum flexible (o sistema “de créditos”), que permiten modular la cantidad de horas de clase que cada alumno recibe: si al finalizar segundo año de liceo un estudiante no ha alcanzado el nivel de suficiencia en Idioma Español, en tercer año deberá tomar más horas de esa asignatura y menos horas de Literatura o Taller de Teatro.

Como todo en la vida, cada una de estas prácticas tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Pero lo importante es la actitud de buscar caminos alternativos a la práctica tradicional de “dejar repetidores” a los alumnos. Si nos limitamos a criticar esa práctica y a abandonarla sin hacer nada a cambio, estamos optando por el camino más fácil (aquel que nos permite mejorar las estadísticas sin esfuerzo) pero al mismo tiempo estamos perjudicando gravemente a las nuevas generaciones de uruguayos.

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