EDITORIAL

El país en punto muerto

La sensación generalizada es que el Uruguay está paralizado. No por la fuerza (que no tiene) la oposición o por la acción de los actores sociales (el Pit-Cnt es uno más del FA), sino porque el gobierno carece de ideas y no sabe a dónde ir.

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24 may 2017

Las noticias que se acumulan en las últimas semanas en diversos ámbitos de la vida del país demuestran un fracaso contundente de las políticas públicas en toda la línea. Ya sea que se mire el manejo macroeconómico del Ministerio de Economía, la exasperante inacción del Ministerio de Relaciones Exteriores, el comité de base llamado públicamente Ministerio de Desarrollo Social, la oficina del cordón cuneta anteriormente conocida como OPP, la prodigiosa capacidad de buscar culpas ajenas del Ministerio del Interior o la brutal inoperancia del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, la desalentado-ra conclusión es la misma: el país está frenado.

Un capítulo aparte merece, por cierto, la Intendencia de Montevideo, donde Daniel Martínez continúa con la estrategia de Ana Olivera y Ricardo Ehrlich de proponer planes fantásticos que nunca se concretan y pretender que la ciudadanía se conforme con promesas. A veces hasta es mejor que se queden allí porque cuando hacen algo les sale un Corredor Garzón, a ese punto llega su inutilidad y el desprecio por los crecientes recursos de los ciudadanos que malgastan con cara de piedra. Ni siquiera el fideicomiso que se logró concretar con el apoyo de Edgardo Novick sirvió para nada, un año después de concretada la iniciativa.

El panorama es concluyente al analizar un gobierno en declive, en el que faltan ideas, le sobran excusas y hasta parece estar pidiendo la hora porque ve que se puede comer una goleada. Hasta parece armada exprofeso la sucesión de declaraciones y metidas de pata una atrás de otra, cometida por distintos jerarcas de gobierno, como si fueran para tapar un papelón con otro.

El desmanejo del Ministerio de Economía queda a la vista cuando se observa que pese al ajuste fiscal permanente al que somete a la población, el déficit fiscal se mantiene intacto cerca del 4%, la deuda pública sigue creciendo a un ritmo escandaloso y la competitividad se estrelló contra el piso.

Eso explica la caía de la popularidad en la "simpatía" por el Ministro Astori que muestra la última encuesta de Equipos Consultores, con un saldo de -23. Esta situación también haría recomendable que el presidente del Banco Central se dedicara a su trabajo, levantara los platitos chinos que tiene en el piso hace rato y dejara de violar la Constitución autopostulándose como candidato a Presidente de la República.

La reciente idea del Ministerio de Desarrollo Social de no exigirle a los padres de quienes reciben asignaciones familiares que envíen a sus hijos a la escuela no solo es una pésima señal, sino un signo de la derrota de las políticas sociales, lamentablemente instrumentada de la última década.

Quitar esa contraprestación implicará, como sabe cualquier persona con un poco de sentido común, que menos padres envíen a sus hijos a la escuela, agravando el problema de la deserción escolar. Sería más provechoso que las autoridades hicieran una auditoría para conocer el funcionamiento real del Ministerio, como ha propuesto el diputado Martín Lema, evaluaran por qué fracasan sus planes y contratara menos amigos y más gente con conocimiento en la materia.

La política exterior es otra área que no desentona. Lamentablemente, lo que fue un prometedor comienzo del Canciller Nin Novoa con ideas claras de apertura comercial y respeto del derecho internacional ha culminado en otra decepción. Las ideas y vueltas con Maduro, al que nunca se lo ha terminado de condenar, pese a que cada vez hay más muertos en las calles por la dictadura criminal que destruye a su país, hablan por sí mismas. Uruguay supo ser un país prestigioso en el ámbito internacional, hoy somos los lamebotas de un crápula que resiste con fuego y sangre su inevitable final.

Otro capítulo lo merece la inacción respecto a la apertura comercial. Como en los otros temas, muchos anuncios y titulares pero ninguna concreción. Seguimos esperando que por algún milagro el Mercosur firme algún acuerdo como única posibilidad, lo que no va a ocurrir, como el paso del tiempo ha dejado demostrado. Ni siquiera ha logrado (y tampoco lo va a lograr) que el Parlamento apruebe el tratado de comercio con Chile porque los sectores radicales y mayoritarios del gobierno se oponen.

En fin, podríamos seguir con la lista de frustraciones que demuestra que nada se puede esperar de un gobierno que lo tuvo todo y no ha logrado nada. No estamos condenados a vivir cada vez peor, basta con cambiar el rumbo, empezando por quienes gobiernan.

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