EDITORIAL

La corrupción de la izquierda

La realidad muestra que los gobiernos más corruptos son los que transmiten al ambiente su fragancia proletaria a partir de sus “compromisos” con los más desvalidos y explotados por el sistema capitalista.

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21 abr 2017

La escasa credibilidad en los partidos políticos, los escándalos de corrupción y la crisis de la educación son fuertes señales que se relacionan con las actuales turbulencias globales y regionales.

Ante esta realidad, la pérdida de confianza en las instituciones se relaciona con la corrupción existente en cada país. Y esta depende de los valores que se trasmiten desde los niveles primarios de la educación hasta la propia cultura de gobierno en el manejo de los recursos públicos; de modo tal, que la honestidad debiera apreciarse como un valor inherente a la condición humana y no como una excepción.

En consecuencia, pueden destacarse algunos aspectos en relación de causa efecto:

En primer lugar, un dato de la realidad muestra que la corrupción avanza globalmente sin distinguir países y se instala en cada sociedad de la mano de gobernantes que abusan del poder para enriquecerse ellos, sus amigos o su sector político.

En segundo lugar, es importante resaltar que la corrupción no tiene límites ideológicos. Expresidentes (con equidad de género), día por medio, son sometidos a la Justicia y condenados por actos de corrupción de todo tipo, incluyendo el nepotismo, el soborno y el crimen organizado en sus distintas expresiones.

En tercer lugar, lo cierto es que los gobiernos más corruptos son los que transmiten al ambiente su fragancia proletaria a partir de sus "compromisos" con los más desvalidos y explotados por el sistema capitalista. Y eso, porque al considerar a la democracia representativa y a la separación de poderes como expresiones burguesas terminan ejerciendo el poder bajo la consigna de que "lo político está por encima de lo jurídico".

En cuarto lugar, como derivado de lo expuesto, los gobiernos populistas de la región incluyendo los del Frente Amplio han arrasado con normas, límites y barreras éticas en el ejercicio del poder, ya que, todas "las asociaciones para delinquir" por ellos creadas se disfrazaron de un discurso populista sin poder superar el fracaso del socialismo real, incluyendo las mutaciones del Siglo XXI; lo que explica la conducta de los "románticos Robin Hood" del siglo pasado, sus secuestros, homicidios, torturas y "robos para la corona" basada en la amoral afirmación de "que el fin justifica los medios".

En quinto lugar, ya no es novedad que los gobiernos frenteamplistas perforaron las normas sobre transparencia pública, y menos, que decenas de sus jerarcas cometieron todo tipo de ilegalidades acusando al Tribunal de Cuentas de ser un obstáculo de control burgués; dando lugar a la ingeniosa creación del "Estadito paralelo" con sus nefastos resultados.

Lo anterior determinó que los "negocios" de Ancap con Venezuela y Ecuador fueran llevados a cabo con un inaceptable oscurantismo; la participación "a dedo" de la empresa Aire Fresco con Venezuela, los millones de dólares "tirados" por el Fondes, los delitos y abusos en la gestión de la Salud como en los planes de vivienda del Pit-Cnt se suman a otros escándalos que al ser tantos, hacen olvidar rápidamente a los anteriores.

El "Presidente más pobre del mundo" "vendido" como una excepción en medio de este "tsunami moral" fue el responsable del procesamiento de su Ministro de Economía y del Presidente del Banco de la República; el primer Presidente que desde su "humilde chacra", no ha podido explicar el destino de los más de veinticinco millones de dólares que la guerrilla tupamara "recaudó" violando los derechos fundamentales con el fin de derrocar el gobierno constitucional de la época.

Todos estos líderes "justicieros" del Frente Amplio luego de varios años de gobierno (incluidos los de los buenos precios del mercado internacional), exhiben como resultados de su política económica una presión tributaria insoportable, un déficit fiscal del 4%, un desempleo al 8.1% y la deuda externa más alta de la historia.

Sin embargo, y en sexto lugar, lo más pernicioso que nos dejan es una corrupción ubicada en el centro de este descalabro económico y moral; producto de una respuesta ambigua y de una estrategia destinada a "cerrar filas" y proteger a todo precio la maquinaria del Partido antes de sanear la Administración Pública.

Un ejercicio recomendable para todos los sectores del gobierno es tomar enseñanzas de los regímenes que tanto han defendido en este y otros continentes, cuyos resultados pueden resumirse en incapacidad de gestión, prejuicios ideológicos y una corrupción vergonzante.

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