EDITORIAL

¿No hay una alternativa?

El sector de Lacalle Pou planteó 20 medidas para llevar adelante desde el gobierno. Si la oposición no fuera creíble, esas medidas serían irrealizables. Sin embargo, muchas fueron implementadas por la administración Vázquez.

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12 ago 2017

Si a Ud. le interesa la política y escucha la opinión de analistas y politólogos mayoritarios, se encontrará con el siguiente argumento: es verdad, dicen, que el gobierno del Frente Amplio deja mucho que desear; pero, agregan, la oposición no presenta una alternativa creíble.

Ocurre que desde hace muchísimos años se ha impuesto la idea de que los mejores elencos para gobernar están en el FA. Es una idea bastante antojadiza que no tiene sustento alguno en la realidad. Pero permite a muchos universitarios, analistas y afines a la izquierda, convencerse de que sus amigos y compañeros de estudios que ejercen ahora el gobierno son los mejores en esa tarea. Podrá parecer muy provinciano, encerrado y autocomplaciente, pero así funciona la lógica de los análisis mayoritarios tan afines al Frente Amplio.

Cuando, notoriamente, las cosas no funcionan bien, esos analistas se ven confrontados a la necesidad de cavilar que el Frente Amplio, en verdad, no disponía de tan buenos gobernantes. ¿Y qué ha ocurrido? Por un lado, los más aguerridos izquierdistas, formados en las ideas de Constanza Moreira por ejemplo, han preferido negar la realidad. No reconocen los malos pasos de su gobierno y argumentan que las denuncias sobre los malos manejos de Sendic, por ejemplo, responden a un complot internacional de la derecha.

Por otro lado, la mayoría de los analistas, que aunque son frenteamplistas de corazón se presentan muchas veces como alejados de los partidos políticos, cambian un poco sus ideas. Reconocen así que la izquierda no es tan buena administrando. Pero, agregan inmediatamente, los partidos de oposición no están mejor preparados que ella para gobernar. Prestos entonces a hacer los mandados en favor de su FA se calzan el traje de opinólogo objetivo hecho a medida por la Universidad de la República, y en todas partes explican que la oposición "no es creíble" o que "no logra armar una alternativa".

No es solo servilismo oficialista. También hay una explicación psicológica para entender esta actitud. Se trata de la teoría de Festinger de la disonancia cognitiva: enfrentados a la tensión entre su sistema de creencias y la verdad de lo que ocurre con las malas políticas del gobierno, estos analistas y politólogos mayoritarios prefieren acomodar la realidad a su idea preconcebida. Evitan así enfrentarse a esa molesta disonancia que les haría revisar enteramente sus preconceptos sobre la realidad del país y sobre su identidad partidaria más profunda.

Pongamos un par de ejemplos. Primero, en marzo pasado el sector del senador Lacalle Pou planteó 20 medidas posibles para llevar adelante desde el gobierno. Si la oposición no fuera creíble, como dicen los analistas oficialistas, esas medidas serían irrealizables o demagógicas. Sin embargo, pocos meses más tarde resulta que muchas de ellas fueron efectivamente implementadas por la administración Vázquez: una auditoría externa independiente que permitiera saber cómo se estaban usando los recursos en el Ministerio de Desarrollo Social; instalar dos IMAE cardiológicos al norte del río Negro; descartar el proyecto de la regasificadora tal como estaba planteado; diseñar y aprobar un plan de reestructura de Ancap; destrabar la ejecución de obra pública a través de los proyectos de participación público-privada; y romper el ciclo de metas de inflación que no se cumplen.

Segundo, si los partidos de oposición no lograran "armar una alternativa" no estarían actualmente coordinando medidas importantes, como ha sido la formación de distintas comisiones investigadoras parlamentarias. Ellas han permitido conocer en detalle y darán más informaciones en los próximos meses acerca de la mala gestión del gobierno en Ancap, en la regasificadora, en las empresas paralelas del Estado con sus privatizaciones de hecho, en ASSE y en otros organismos importantes.

Claro está, cada partido opositor tiene su táctica de posicionamiento electoral y política y sus desafíos propios. Cada cosa tiene su tiempo. En un futuro, llegado el momento electoralmente más propicio, seguramente surgirán mayores afinidades estratégicas en los grandes temas nacionales que importan. Pero a falta de dos años para las elecciones, ningún análisis de buena fe puede afirmar hoy que la oposición no es creíble para gobernar o que no significa una alternativa a la izquierda.

Una vez más, los analistas que se las dan de objetivos en realidad operan para el Frente Amplio: quieren hacernos creer que solo la izquierda es capaz de gobernar el país.

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